Cómo vivir como el mayordomo de un frío duque del norte: Capítulo 6

 


Capítulo 6


Mientras Ed guardaba la bolsa de galletas, aferraba con fuerza una galleta empapada en la mano derecha.

Entonces, como si la toxicidad del veneno comenzara a esparcirse, sus manos empezaron a arder.

Después de coger unas cuantas galletas más, Ed perdió el agarre que mantenía en la bolsa de galletas, para sorpresa de Elisa.

Su mano derecha, que había tocado el veneno, estaba pálida y en carne viva, sangrando.

"...No puedo creer que trató de darle de comer a Ronen algo que me enfermó tanto con solo tocarlo".

Ed apretó los dientes y bajó la cabeza.

—L-Lo siento. No sé por qué de repente mi mano está así... Lo limpiaré.

Luego, un pañuelo pasó volando y aterrizó al lado de la cabeza de Ed.

—Límpialo con esto.

Era un pañuelo lanzado por Elisa.

—Muchas gracias, lady Elisa.

Tras otra profunda reverencia, Ed se levantó e impidió que Ronen se acercara.

—Está bien, maestro Ronen.

Pero no pudo terminar la frase.

Poco a poco, su mirada se volvió borrosa.

En la historia original, el veneno utilizado por Elisa se describía como un brebaje de pequeñas cantidades de varias hierbas venenosas diferentes.

Los síntomas de envenenamiento aparecían rápidamente, pero la toxicidad no era fuerte y, debido a la mezcla de diferentes venenos, dificultaba encontrar al culpable.

"Pero ¿cuánto veneno usó la dama para llegar a esto?"

Suspirando, Ed miró a Ronen. Una expresión de sorpresa cruzó su rostro. Le sonrió débilmente, diciéndole con la mirada que no se preocupara, pero no estaba seguro de que se transmitiera lo que quería decir.

Ed giró la cabeza lentamente. Estaba dolorido pero no era tan malo.

Incluso si perdiera esta oportunidad, no sería garantía de que Elisa no fuera a por Ronen de nuevo. Tal vez lo haría de manera más sutil.

Así que era mejor hacer una conmoción y que llegara a oídos del barón Selton.

Era ingenioso. Descubriría qué intentaba hacer Elisa y se asegurará de que no volviera a hacerlo.

Así que intentó dedicarle a Elisa una sonrisa, pero no funcionó.

—¡Ed!

Ed perdió el conocimiento en medio de los gritos de Ronen. Cayó con un ruido sordo.

En el original, Ed tenía el poder de curar, pero nada bueno salió de eso.

La verdad es que los poderes de Ed eran demasiado leves, e incluso con ellos, no podía escapar del alcance de Ronen.

En todo caso, su poder hizo más difícil que muriera.

Al darse cuenta de las habilidades de Ed, Ronen lo torturó lo suficiente hasta casi matarlo, luego lo salvó e intentó matarlo de nuevo después de que estuviera completamente curado.

Como lector, fue una escena genial, pero como Ed, era brutal y desoladora.

Pero la brutal escena le recordó una forma de salvar a Ronen, por ese tipo de cosas es que la gente dice que la vida es un misterio.

De todos modos, dolía mucho.

Ed recuperó sus sentidos después de que se le pasó la fiebre, como si alguien le hubiera dado medicina. Al mismo tiempo, sintió un dolor punzante en todo el cuerpo. Sus pesados párpados no se levantaban y sus dedos no se movían como si tuvieran gran peso.

—No, ¿por qué está tan mal? ¿Va a estar bien?

Y la voz junto a la cama sonaba nerviosa.

—Sí, madre.

—Señora, no es bueno tocar el cuerpo de Ed así...

—¡Senna, cierra la boca y cambia la toalla! ¿De dónde sales para ser tan insolente?

Toc, toc. Las manos que tocaron mi cuerpo estaban llenas de malicia.

—Oh, ¿por qué es tan entrometido? ¡Senna, deshazte de él!

—¡Ronen, bastardo! ¿Cuántas veces te he dicho que salgas de aquí? ¿Por qué te aferras tanto a tu criado?

—Vierte esa devoción en Elisa. ¿Qué tan sorprendida estaría? Eres un estúpido que ni siquiera puede manejar a los sirvientes adecuadamente.

—Ed no hizo nada malo.

"Oh, no tienes que decir eso".

A Ronen se le quebró la voz y le hizo preguntarse si no había bebido suficiente agua por hacerle compañía hasta que despertara.

—¿Qué has dicho, muchacho?

—¿Qué, bastardo?

—Aparentemente hubo un problema con las galletas que trajo lady Elisa...

—¡Te dije que no dijeras nada sobre las galletas!

La condesa soltó un chillido agudo. Sonaba como un grito.

En la habitación estaban Ronen; su madre adoptiva, la Condesa; el hermanastro de Ronen, Nathan, y su criada, Senna.

—Ronen, ¿no he sido lo suficientemente claro cuando te expliqué que fue un caso en el que este bastardo estaba limpiando la mesa para la fiesta del té y le dio un malestar estomacal por comerse las sobras?

—Sí, Ronen, ¿cuántas veces tengo que decírtelo? ¡Ese criado arruinó la merienda de un noble! No sé si es su torpeza o su falta de cerebro, pero es frustrante.

—Sí, Ronen. Al menos somos condes de prestigio, así que nos ocuparemos incluso de aquellos que cometen estos accidentes. Otros nobles lo echarían a patadas. Así que cállate, Ronen, si quieres que Ed se ponga bien.

La voz de Nathan era mezquina mientras se llevaba una mano a la comisura de los labios y susurraba.

De todos modos, no iban a revelar la verdad del asunto.

Lo mismo ocurría en la historia original. Incluso cuando Ronen, profundamente herido por el veneno de Elisa, tosió sangre, el Conde solo tuvo una preocupación: Sus ojos brillaban solo por los regalos que recibía en silencio del barón Selton.

"—Entonces, ¿qué te gustaría recibir esta vez?"

El Conde Herrins y el barón Selton ya deberían haberse dado cuenta de que Elisa había cometido un error, pero no lo dirían.

Al barón Selton le gustaría deshacerse del sirviente incriminatorio, pero eso le pondría en gran deuda con el conde. No importa cuánto dinero tengas, si tocas los miembros de un conde que te supera en rango, vas a perder.

El propósito de curarlo en casa del conde era obvio. Sabía que si jugaba bien sus cartas, podría conseguir que el barón le diera un generoso pago por su silencio.

Ed ni siquiera tuvo fuerzas para soltar un pequeño suspiro. Todo su cuerpo se sentía pesado.

"Una vez curado, el Barón Selton vendrá a por mí. Para deshacerse de los testigos".

Estaría bien que el Archiduque apareciera antes de eso... Él podría descansar y vengarse por Ronen.

"...¿Por qué demonios tarda tanto en llegar?"

—De todas formas, este criado no es de ayuda. ¿Cuántas horas ha estado acostado? Es hora de levantarse.

—Sí, madre.

Las manos que tocaban a Ed seguían siendo maliciosas.

—Detente, madre.

Y la voz de Ronen, cuando la detuvo, era lamentable pero severa.

—¿Qué?

—No toques a Ed, para que pueda dormir en paz.

—Nathan, hijo, mírale a los ojos. Si toco más a este sirviente, intentará comerme.

—Madre, supongo que por eso dicen que no si crías cuervos te sacarán los ojos. Es un idiota malagradecido.

—No es un sirviente, es Ed.

—¿Qué?

—No, ¿él es el que te ha estado cuidando últimamente cuando no podías salir, verdad?

Nathan alzó la voz. Estaba claro que si no podía hacer lo que quería conmigo, iba a golpear a Ronen. Ed quería calmar la exaltación de Nathan antes de que eso sucediera.

Pero no fue suficiente. Recuperó la conciencia, pero no tenía fuerzas en el cuerpo. Su cuerpo se negaba a escucharlo, como si estuvieran presionándolo.

"Ah, maldita sea".

Fue entonces cuando...

—¡Señora, señora!

Se puso ruidoso afuera.

Ed reunió toda la fuerza que tenía y hasta la que no para levantar sus pesados párpados. Entonces su visión se volvió borrosa y pudo ver el techo.

Le dolía la cabeza, pero tras parpadear varias veces, levantó la vista y observó su desordenado entorno.

—¿Qué está pasando que abres la puerta tan bruscamente?

Fue Keryl, el mayordomo del conde Herrins, quien abrió la puerta de golpe.

—L-Lo siento, señora, pero creo que necesita salir.

Keryl era un mayordomo veterano que había servido al conde durante más de una década. Valoraba la cortesía y nunca se pasaba de la raya con su señor. Siempre se mostraba tranquilo frenta a su maestro.

Pero ahora entró en la habitación, conmocionado.

—¿Qué pasa?

El enfado se dibujó en el ceño de la condesa. Parecía como si fuera a castigarle si no se comportaba.

—Está aquí... el archiduque del norte Asdell Linden.

—¿El archiduque Asdell Linden?

—Sí, señora.

La condesa ladeó la cabeza.

—El archiduque Asdell Linden.

El rostro de la condesa se puso blanco al quedarse muda. Lo cual era comprensible. Se rumoreaba que la sangre y la muerte se extendían por donde pasaba el Archiduque.

—...¿El archiduque del norte? —preguntó Nathan en lugar de la condesa que se había puesto pálida.

Pero antes de que el mayordomo pudiera responder, se oyó un sonido de "toc, toc, toc" y, al mismo tiempo, el picaporte de la puerta fue arrancado de su sitio, rompiéndose.

La atención de todos los presentes se centró en la puerta, que se abría a medida que el ruido de los pasos aumentaba.


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